Gracias a la ciencia y la gerontología, la esperanza de vida es cada vez mayor y esto nos lleva a reflexionar: ¿Cómo prepararnos para nuestro envejecimiento? ¿Cómo enfrentar la vejez de mis padres? ¿Cómo mejorar la calidad de vida? Muchos nuevos desafíos nos esperan y espero en este espacio poder ayudar a que todos tengamos un envejecimiento pleno y lleno de vida...
Tarde o temprano, llegará: ¡la batalla contra el tiempo, ya está perdida! Así que mejor preparémonos para disfrutar cada minuto...
Cariños,
Elia
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martes, 22 de febrero de 2011

Alfredo Alcón: Sigo con miedo de salir a escena

En una entrevista sin desperdicio, que Olga Cosentino le hizo y que fue publicada por >Capital Intelectual, el actor de ocho décadas sigue con miedo a salir a escena pero no le teme a la muerte.
"El miedo no es lo mismo que negación, y una sociedad que niega la muerte no ama la vida, por eso hoy, hablar de la muerte, de la fragilidad, del miedo está mal visto. Te dicen amargado si hablás de esas cosas, pero los que eluden esos temas son los más débiles y temerosos. Quien se atreve a nombrar aquello a lo que teme no es más débil, es más fuerte.

El miedo es hermano de la curiosidad. Yo acepto mi miedo a salir a escena, lo nombro y me hago cargo de él, porque a la vez siento curiosidad. Lo mismo me ocurre con la muerte y con la vida. Frente a muchas cosas, inicialmente tengo el impulso de decir que no, por miedo, pero a continuación siento curiosidad por saber que hay dentro de ese fantasma que me atemoriza.

No le temía a la muerte cuando estuve muy grave. Será que cuando uno está mal tiene menos cuerpo.

Alfredo Alcón en Martín Fierro
Ya me paso otra vez en un avión. Había estado en un festival de cine, en Brasil, con la película Martín Fierro. Cuando ya había regresado, el presidente del festival me llamó para pedirme que volviera porque era posible que se premiara la película.

Conseguí un pasaje en un vuelo a Roma con escala en Brasil. O sea que iba lleno de monjas y algunas personas normales. A poco de despegar, entramos en una zona de tormenta tan fuerte que se abrían las puertas de los portaequipajes de la cabina, se caían bolsos y paquetes y el avión se movía terriblemente.

Yo venia sentado del lado de la ventanilla y miraba ese infierno de rayos y relámpagos. De pronto empecé a escuchar “Dominus Christiii, Santi Spiiirituuu y me decía: Qué muerte más estúpida me viene a tocar. Pero estaba tranquilo como estoy ahora. Solo lamentaba que me ocurriera por ir a buscar un premio de mierda, que a lo mejor ni me lo daban.

Recuerdo que de pronto me vinieron ganas de mear y pensé: Encima me voy a morir con ganas de hacer pis. ¡No! Me levanté, tardé mucho en llegar al baño y cuando salí una azafata me preguntó adonde iba; le respondí… iba a Río, pero ahora esa es una pregunta metafísica. Como ves, me lo tomaba con humor, es decir que no tenía miedo.

Pero, más allá de esta anécdota, pienso que cuando se trata de una enfermedad que te puede llevar a la muerte, uno no tiene envidia de la vida. Yo estaba en un estado de pasividad y me quería quedar tranquilo y miedo no tenía."